MI SOLEDAD AMARGA.

¡qué muerte fué tan amarga!.
Ahora dentro de mí llevo
mi alta soledad delgada.
La llevo conmigo de día,
me acompaña donde vaya,
duerme conmigo de noche
en el ancho de mi cama.
Dejaste un lugar inmenso
que no llenaré con nada,
apenas mi soledad y yo
en el espacio, acurrucadas.
Y entonces comprendí porque
es tan triste la soledad del alma,
cuando vacío ya mi corazón
he quedado sin llanto ni palabras.